MANUEL BUENDIA
LA VERDADERA HISTORIA DE APOLONIO PARDO
Desde su tierna infancia, el joven Apolonio Pardo gustaba más de salir
al campo con su abuelo que de ir a la escuela, tal fue que dejó muy pronto la
instrucción académica en las letras y los números para aprender el oficio de
pastor y espartero como su abuelo. Todas las mañanas, a eso del alba, salían
abuelo y nieto por la vereda en dirección al monte acompañados de sus ovejas y
cabras, y durante el trayecto recogían esparto que cargaban sobre un burro, que
junto a tres perros formaba el equipo de trabajo de esa singular plantilla.
El trayecto duraba algo más de una hora, hasta que llegaban a una
parcela de monte bajo y pastos que el abuelo tenía arrendada, y donde tenían un
pozo y una choza arreglada en torno a un tapial, vestigio de alguna antigua
construcción. Una vez acomodados dejaban su rebaño de herbívoros domésticos al
cuidado de los perros y comenzaban a trabajar el esparto para hacerlo flexible
y manipulable, al tiempo que el experimentado abuelo iba enseñándole al joven
Apolonio los secretos del trenzado del material, labor denominada “pleita”. Al
atardecer regresaban al pueblo y mientras que el resto de la familia ordeñaba
los animales y preparaba los quesos, abuelo y nieto continuaban trabajando,
elaborando cinchas para los quesos, cuerdas,
