REPRODUCCIÓN
Llevaba un
gran rato dentro del coche observando la movida.
Era una calle
céntrica y relativamente bien iluminada. Unas mujeres de “vida fácil” atendían
solícitamente a los conductores que paraban a su altura. Ellas metían la cabeza
hacia el conductor y hablaban con él. En caso de ponerse de acuerdo, entraban
acto seguido en el interior del coche y desaparecían de la escena.
Pensaba en la
cantidad de hembras guapas y exuberantes que era frecuente ver por estos
barrios. Desde luego, nadie diría por su aspecto externo que fueran
prostitutas, pero lo cierto es que la invasión de mujeres en el último año era
realmente espectacular.
El aspecto
que ofrecían era un tanto similar. Morenas de piel, pelo color azabache, ojos
oscuros, boca grande, labios carnosos y un cuerpo realmente escultural. Tal vez
de otro país. Graciosamente, todas usaban un elemento en común. Llevaban en el
tobillo una fina cadenita de oro a guisa de pulsera, que si bien no era cosa
peculiar para detectar, no se le había escapado a nuestro observador personaje.
