LA CAZA
Por Roberto Baños Villalba
Era un tipazo
de mujer imponente.
De unos 30
años, alta, exuberante, pelo castaño , de
profundos ojos verdes y boca grande. No obstante, y pese a ser a simple vista
tan guapa y atractiva, su mirada fría y calculadora, era capaz de dejar de
piedra a quien osara mirarla de frente.
Carol siempre
había sido una mujer enigmática para aquellos que la conocieron. Prácticamente
cada año trasladaba su residencia a otra ciudad, sin problemas de trabajo, ya
que le era muy sencillo obtenerlo, presentándose a aquellos puestos que se
anunciaban pidiendo secretarias de “alto nivel”.
Su
preparación, presencia y personalidad estaban tan armoniosamente equilibrados,
que de forma automática, su nombre era elegido en cualquier selección de
personal que hacía.
Vivía sola en
apartamentos que alquilaba en cada ciudad. No frecuentaba amistades de trabajo,
jefes ni vecinos, sino que acudía a las discotecas y clubs que suelen existir
en las grandes urbes, para conseguir personas con quien relacionarse.
